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Escrito por Administrator   
martes, 02 de septiembre de 2008

 Hola mi nombre es Sigifredo Rueda Salazar

Quiero contarles el testimonio de como conocí a Jesucristo.

Soy colombiano, eh nacido en una familia humilde y sin ninguna creencia, mis padres nunca me enseñaron principios sobre un Dios, solo me decían que en la vida había que trabajar, divertirse y hacer todo lo que a uno le daba la gana, que tú eres el dueño de tu vida. Fui creciendo con esas ideas en mente y corazón, cuando fui adolescente mi padre solía decir:         − ¡Tienes que ser un hombre y los hombres son los que se emborrachan, fuman y tienen muchas mujeres, si alguno te golpea, golpea tú también!− A la edad de 18 años me presente al Ejército Nacional de Colombia, allí estuve a lo largo de tres años, solo sabia disparar el arma, era lo que me habían enseñado. Luego termine mi servicio en el ejército y volví a casa de mis padres. Tiempo más tarde conocí a una mujer, con la cual me fui a vivir, como se acostumbraba ya desde ese entonces, las parejas a convivir sin casarse (vivir en adulterio y fornicación) algo normal en un mundo inmoral. Luego nacieron mis dos hijas (en fornicación) Evelyn y Nicol, no entendíamos el pecado, traer al mundo hijos sin casarse, no sabíamos que eso no le agradaba a Dios.

Después de un tiempo las cosas comenzaron a ir mal, fue en el año 2000 cuando decidí emigrar a nuevas tierras. Mi primer lugar fue Valladolid - España, quería una mejor vida, conseguir dinero fácil y  no me importaba otra cosa sino el dinero, entonces comencé a tenerlo, costara lo que costara, me importaba más lo material que cualquier otra cosa. En poco tiempo vino mi compañera, la madre de mis hijas, con el mismo propósito, el dinero, en poco tiempo también llegaron mis hijas. Mi vida seguía igual que antes cuando vivía en Colombia, era el mismo, borracho, soberbio e irresponsable; me creía el dueño del mundo.

Después de un tiempo mi destino seria Almería, una provincia al sur de España, las cosas se empeoraron, solía emborracharme para olvidar los problemas, pero no entendíamos porque todo iba de mal en peor, decíamos − ¿Si éramos buenos porque tantos problemas? −. En el año 2005 mi mujer entró en una depresión terrible que la llevo a querer suicidarse junto con sus hijas,  una de ocho años y otra de diez, mientras ella pensaba en el suicidio yo pensaba en el alcohol, que me importaban sus problemas, no la quería entender. Pero ocurrió el Milagro, un día ella salió con las niñas a dar un paseo por las calles de Almería y se encontró con un grupo de personas predicando el Evangelio de Jesucristo, cantando, adorando, reían y daban testimonio de un Dios que había cambiado sus vidas. Ella sin entender mucho solo les miraba, una de esas personas se acerco y le dijo: − ¡Dios te ama! −  Ella con gesto irónico le respondió: − ¡Si claro…! - ¿Si Dios me ama y existe, porque me tiene en esta  miseria, con ganas de suicidarme y no querer vivir más? − Esta persona le entrego una invitación para que asistiera a la Iglesia Evangélica y ella viera que Dios en verdad la amaba. No le dio mucha importancia, pero pasado unos días, una de las niñas  encontró la invitación en un bolso y le dijo a su madre: − ¿Porque no vamos a esa Iglesia para ver si Dios de verdad está interesado en nosotros? −. Algo había tocado su corazón, un domingo por la mañana, me dijo: − ¿Me puedes llevar a la Iglesia Evangélica? −  Yo Respondiendo dije: − ¡Está bien, te llevo! – Fue entonces por la mañana y luego por la tarde, esa noche al regresar de la reunión a casa, entro con una gran sonrisa en su rostro, venía muy feliz, me miro y me dijo: − ¡Sigifredo! ¡Dios escuchó mi clamor y me ha vuelto a dar vida, ahora no quiero morir, eh vuelto a nacer, ahora tengo el verdadero Amor de Dios! − Yo me reí y le dije: − ¡Estas más loca que antes mujer, te contagiaron la locura en esa Iglesia, a mi no me digas que yo valla para allá porque yo no quiero ser otro loco más! – Pero ella de tanto insistir logro convencerme, un día le dije: − ¡Vamos, te acompaño a la Iglesia! − Estuve en varias reuniones y todo era igual, no me parecía que hubiera nada extraordinario o maravilloso en ella, pero un día un predicador que había venido desde Holanda, dio un mensaje que toco mi vida, durante este mensaje el predicador invito a que los miembros pasasen hacia el pulpito y yo respondí a su llamado, pedí perdón a Dios por haberlo ignorado y defraudado tanto tiempo, el perdonó todos mis pecados, grandes y chicos, por medio de la sangre que derramo en la cruz del calvario, me levante de ese lugar totalmente diferente, renovado, ahora era feliz en verdad, no la falsa felicidad que me daba el alcohol o la droga, tampoco el dinero, ni nada de lo material que hubiera en esta tierra. En poco tiempo comprendí la verdadera importancia del matrimonio así que me case con la madre de mis hijas, me comprometí con Dios y con ella, hasta que la muerte nos separe, fue entonces que nos nació otra preciosa niña, Lucia,  comencé a servir a Dios, sentí un llamo de parte de Él para ir y predicar el Evangelio de Cristo para perdón de pecados y salvación de almas. Después de muchos años, regreso a mi país como misionero junto a mi esposa y mis tres hijas, con una visión, ganar almas, hacer discípulos, plantar Iglesias y a decirle a los colombianos y al mundo entero, que Jesucristo Vive y los quiere ayudar, no importa cuáles sean sus problemas, Jesucristo es la respuesta, quiere sanar sus heridas del pasado, restaurar su matrimonio y dar descanso a sus almas.

San Lucas Cap. 15 Ver. 32 dice: − Mas era necesario  hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto y ah revivido, se había perdido y es hallado .

Jesucristo pago un precio muy caro en la cruz para que cada uno de nosotros sea salvo, el solo quiere amarte, luego sanar tus heridas, librarte de la muerte y darte nueva vida.  El tiempo es hoy y ahora, quizá cuando quieras arrepentirte ya sea demasiado tarde y Él haya venido por su pueblo. El te ama y está llamando a la puerta, abre tu corazón y entrégale tu vida.

Apocalipsis Cap. 22 Vers. 12 dice: − He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra −.

Modificado el ( martes, 02 de septiembre de 2008 )